sábado, 30 de junio de 2007

El pequeño músico

Me vais a permitir que os cuente una historia imaginaria. Esta es una historia de amor. Una historia de amor tierno e infantil en la que todo parecido con la realidad, es pura casualidad. Puede ocurrir, y ocurre cada año, en distintos pueblos y ciudades de España, con los niños entregados a la música procesional. Este cuento lo han vivido todos aquello que levantando muy poco del suelo y cumpliendo pocas primaveras, ya tocaban el fliscorno o los platos. Antes de decir que tal suena aquesta o aquella banda, deteneos un momento a recordar la ilusión de vuestras primeras procesiones, la ilusión del niño que empuña las baquetas o la trompeta, que abulta casi mas que Él... Recojo el guante de las Semanas Santa "de pequeño" con este cuento, que quizá haya vivido en primera persona, quizá lo haya soñado en las vísperas de la Pasión...

Las seis de la tarde. Los zapatos negros brillantes, relucientes. El nudo de la corbata recién hecho por el padre, el emblema rojo con la Cruz del Santo Sepulcro prendido de la manga. Su instrumento abrillantado a base de gamuza esa mañana en que vio, de respabilón y casi faltando a la familiar costumbre, la Borriquilla... repasando los papeles de su banda. Esa tarde polvorienta, debutaban. Cada vez que lo pensaba se abría un mundo en su mente, dudas, algunas notas que fallaban, saber coger el paso, no descuadrarse de la formación de los músicos... ahora todo estaba listo. Los últimos repasos, calentar el labio y todos juntos a la puerta del convento. 6 meses y pico de preparativos, desde que vio un anuncio en el periódico y su madre llamó por el al teléfono que aparecía en El Diario, la elección del instrumento, que si el clarinete, que si el saxofón... encontrarse con las corcheas, las claves y las notas adicionales, conocer a los compañeros y a esa chica tan maja que toca la travesera... de regañinas del director, de guiños cómplices con el de la percusión, y también de vacilaciones desleales por parte de algunos que perdieron su corazón de niño, no iban a poder con las ganas de Él. Ni de los otros veintitantos que se estaban convirtiendo en sus amigos, en esa edad en que la amistad es el mas sagrado bien.

Las siete de la tarde. El camino polvoriento esta lleno de gente. Otra banda, veterana, mas numerosa, experimentada y muy solvente, les precede. Abrazos y deseos cofrades y musicales de "buena procesión!" Miró expectante la salida del primer paso, con el bolsillo lleno de gominolas para los descansos, con un ojo puesto en la reja del convento y otro en las nubes que presagiaban agua. "No nos va a llover, el pimer día no"!
La Boquilla estaba fría, muy fría de una primavera que en marzo aun no ha despertado en Castilla. Arrastrar de cadenas, silencio espeso y espectante... Himno Nacional. Nudo en la Garganta. Sed en la boca y temblor en los labios contra el metal de su embocadura. Jesús estaba en la calle. Un momento soñado que tenia delante de sus ojos. Todos los años lo mismo, todos los años diferente, desde que su abuela le explicó porque llevaba corona de espinas y luego Él aprendió gracias a un libro que tenía su primo, que era de la Cofradía de Jesús Rescatado, de cuando era la imagen y quien lo había esculpido. Alguien cantó una saeta mientras todos colocaban el papel de "Triunfal", su primera marcha. "Cajas, marcha lenta" la banda caminaba, sin perder el ritmo. Parecía que lo habian hecho millones de veces. Pero eran los primeros pasos. Se distinguian entre el atril y el bordillo de la acera miradas de curiosidad, de indiferencia y de indisimulado deseo de que saliera mal, desde alguna esquina, en las aceras pobladas por buenas gentes mezcladas con los "sin corazón" que miraban por encima del hombro al pequeño músico. Eran pocos, muy pocos los que habian apagado el recuerdo en su alma de su Semana Santa de la infancia. La mayoría del público los miraba asombrados y enternecidos. Fotos. Aviso. Platillazo y redoble: a tocar!! "parabará, chan, chan.... parabará, chan chan chan cha, tapatapa tapatatata...." Jesús subiendo la cuesta aliviado en su sufrimiento redentor por las notas de su banda.

Un capuchón alto, mucho mas alto que los demás, con bastón de mando, se detiene delante de la banda mientras suena la música. Discretamente levanta el pulgar delante del anagrama de las cadenas rotas y se adivina una sonrisa debajo del raso rojo. Es el Hermano Mayor. A los mayores de las filas de adelante se les escapa alguna lágrima. Sueños cumplidos que abren el cajón de otros sueños que están por llegar: "Ya tenemos banda"... se dicen entre si,
y es la mejor del mundo, aunque desafine, aunque le falte un requinto y el saxo tenor, aunque alguna marcha hayan tenido que cortarla porque llevaban a las flautas perdidas... porque la ilusión y el empeño de sus jóvenes músicos hace que vaya siempre en el corazón, enfilando la Rua, pasando frió con el metal entre sus manos, o pasando sueño aguardando a que el Paso se recoja en las Úrsulas.

La procesión ha terminado. Himno Nacional con muchas mas ganas a pesar de que el labio "tira". Aplausos para Jesús y su banda. Abrazos, besos, hermanos anónimos que dan la enhorabuena, amigos de la cofradian con una sonrisa de oreja a oreja, otros se marchan corriendo a sus casas, o esperan a que salgan los de paso, que se estaban cambiando.

Dos hermanos de los que solo salen en la procesión, ajenos - peor para ellos - a la hermosura de construir unidos algo tan frágil y tan eterno al tiempo como un grupo humano, comentan con el verdugo levantado y la cruz apoyada en el suelo:

- ...era mejor la banda que nos pusieron el año pasado-

- ya, pero estos no veas lo bien que se han portado y las ganas con que soplan, ¡que es el primer año, coño!



Y una sonrisa se dibuja en la cara del pequeño músico. Su madre le ha hecho mas de 20 fotos desde la acera, y eso que iba por las filas de dentro. Ha recorrido su ciudad con su banda en su fiesta mas grande. Ya es uno mas. Le resbalan las miradas altivas. Ha tocado para Jesús la mas bella de las marchas, aquella que nunca llegará a escribirse por el que el latido de un corazón no merece ser convertido en tinta. Solo ser latido y sentido. Fe. Su sueño es ahora realidad. Recordará siempre que fue un pequeño músico, pero no mirará por encima del hombro.





Quiero dejar una dedicatoria... gracias a todos los "pequeños músicos" con los que compartir esta semana santa me ha hecho vivir un capitulo de la infancia, seguir siendo "pequeño", en las puertas de la madurez.

4 comentarios:

Lucano dijo...

Gracias a todos esos pequeños músicos que han sido el eco dulce y sincero del Perdón de Jesús, el rastro brillante de su Luz, el pañuelo donde Su Madre ha enjugado sus Lágrimas y el sereno himno de su Agonía. La Dolorosa, toda corazón, quiso que descansaran el Viernes Santo, y que así el año próximo guardaran para Ella más besos hechos melodía.

Alberto dijo...

PRECIOSO ARTÍCULO lleno de ternura y emoción. FANTÁSTICO, de corazón.

Un abrazo.

Ana Pedrero dijo...

Precioso, Antonio. Un beso para el gran músico que hay en cada pequeño músico. Y otro para tí, por tu primera procesión.

S De Música dijo...

Gracias a todos! un abrazo!